•

"In me omnis spes mihi est" (Terencio).

3 de febrero de 2009

EL LECTOR de BERNHARD SCHLINK



De principio digo que duden de mí, porque solo encontrarán elogios hacia este libro.

‘El Lector’, escrito por Bernhard Schlink, es una historia de amor que se desarrolla marcada por la culpabilidad personal de quien ama y a veces siente que no debe, y en un nivel superior, marcada por la culpabilidad de una Nación ante del drama y el horror Nazi que muchos siquiera llegaron a conocer. Magnífico en mi opinión, con una sensibilidad y sobriedad exquisita para abordar el manido tema del Holocausto Nazi, sin tópicos y sin pretensiones, e intencionadamente a mi juicio, también sin profundidad.

A veces previsible, a veces sorprendente, se trata de una de las mejores novelas que he leído en mucho tiempo. Muy emotivo a ratos, nos cuenta cómo cierto día, una mujer de 36 años ayuda a un joven de 15 enfermo, cómo surge el amor en él y cobra vida una relación erótica entre ambos, donde en sus encuentros, él tiene que leer en voz alta para ella, fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstoi, Dickens…, y no contaré nada más, puesto que dejo un enlace a una reseña que la mía no va a mejorar, si bien, también pretendo con ello, exhortarles a pasar de reseñas y leer en dos tardes un libro de escasas 200 páginas que verdaderamente merecen la pena.

Para aquellos poco aficionados a la lectura, y que sorprendentemente han llegado hasta este punto, decir que próximamente tendremos la película, y según parece viene con halos de calidad. Esto les hará fácil disfrutar de esta historia.

1 de febrero de 2009

LAS LAGRIMAS DE FEDERER



Este domingo hemos asistido a un espectáculo deportivo precioso, y a una victoria de Rafael Nadal que ensancha las fronteras de su tenis, fronteras que nosotros sentimos a veces, pero que él no conoce.

Al finalizar, también asistíamos a algo mucho más grande que eso, y de una calidad incluso superior si cabe, por los tintes humanos y el carácter humilde de dos de los mejores deportistas de los últimos tiempos. Hemos asistido a la humanización de la divinidad que venía siendo Roger Federer.

Federer, el hombre tranquilo, el mejor tenista de la historia para muchos, se venía en un mar de lágrimas cuando intentaba dedicar unas palabras al público que lo idolatraba, lágrimas derramadas ante la impotencia para derrotar a nuestro Heracles mallorquín. Federer se veía nuevamente superado por un joven con tintes divinos, que es tan humano o más que cualquiera, y ha sido grande en su derrota.

Federer, sin palabras y todo lágrimas, empezaba a asimilar el relevo que hace tiempo va llegando con nombre de pintor clásico. Nadal, vendaval físico y sobre todo mental, ha ocupado su trono en el tenis con un respeto admirable, con el reconocimiento de méritos ajenos, sin enseñoreamientos ni alardes ante el amigo destronado, y con una nobleza exquisita.

La grandeza de ambos dioses tenísticos, con unos valores envidiables, los ha hecho un poco mejores en ese momento, ejemplificándonos cómo debe ser la competición deportiva, con el tesón y el esfuerzo, la humildad y el reconocimiento del adversario, la amistad y el respeto, haciendo con ello más por la educación de los jóvenes que la mayoría de los políticos de este país.

Las lágrimas de Federer nos dan ejemplo del gran campeón que ha sido y que es, y también del inmenso deportista que lleva dentro. Hoy, asiente con la cabeza mientras deja libre su trono tenístico, y sufre, sufre porque derrocha esfuerzo y entrega para ganar, y este domingo no ha podido. No le importa lo logrado hasta ahora, y como deportista y luchador que es, no vive la derrota como algo fácil. Quiere ganar, y mientras sus lágrimas certifican el cambio de época, él ya se prepara para las próximas batallas, porque aunque ya no es el Rey (tenísticamente hablando), no se dejará llevar por la inercia y habrá que ganarle cada partido hasta que se retire, como hoy ha hecho Nadal para ocupar su lugar en el Olimpo del tenis.

Las lágrimas de Federer lo hacen mejor y más grande, y representan la esencia y el espíritu del deporte. El abrazo entre ambos, y el mutuo respeto y admiración que se profesan es un ejemplo para todos.

Tomen nota otros deportistas.

INDAGACIONES III

Ella, a sus 67 años, estaba terminando en el baño y sentía esa noche como especial. Podía apreciar el cosquilleo en la barriga, pero no eran nervios, ni mucho menos inseguridad.

Él, algo más inquieto y menos avezado, la esperaba en la cama intentando que todo estuviera correcto sin dejar de mirar a su lado. Había un silencio forzado, y un olor suave y dulce dominaba la habitación.

Ambos sabían que esa noche dormirían poco, pero… ¡qué importaba! Llevaban ya un tiempo anhelando ese momento y se hallaban recompensados por la vida.

Tenían unas valiosas horas por delante para atender sus necesidades. Era la primera vez que dormirían velando el sueño de su nieto recién nacido.