"In me omnis spes mihi est" (Terencio).

9 de diciembre de 2008

EN EL ÚLTIMO DÍA

Ya se han marchado todos. Ya no queda nadie y he visto exhalar el último aliento del fuego que había en la chimenea que tan cálidamente nos ha acompañado en los últimos meses.

Hoy ha sido mi último día de trabajo. Último en esta temporada porque me han dicho que volveré – si Dios quiere – que se dice. Así, he visto como marchaban muchos de mis compañeros, los que quedaban, que de eso ya comenté, y he escuchado apagarse el rumor de la gente, o quizá debería decir, que he podido apreciar la ausencia de ese murmullo lejano y familiar. Ya no se nota la presencia invisible de ellos, ni de sus vidas, ya no suena el teléfono, ya no me cruzo con caras conocidas ni sus gestos de saludo en el trasiego diario, y ya no escucho el bullir del agua por ningún lugar.

Mañana cambiará mi rutina y no volveré por aquí en mucho tiempo. Esta familia que se forma entre compañeros se desace hoy, y aunque algunos nos veremos en este tiempo, se queda un vacío en las entrañas que me aflige el ánimo.

Algunos, contados, quedarán por aquí para vivir los días más tristes de este recinto por ser los más vacíos, de gente y de vida. Seguramente me acuerde a diario durante este invierno solitario y yermo.

Este lugar será como una sombra de sí mismo. Se llenará de silencios y se llenará de todos los ecos de quienes lo habitaron en este tiempo.

Al final he cerrado la verja y algo se ha estremecido en el fondo de mi alma. Afuera llovía, pero también dentro.

8 de diciembre de 2008

31 AÑOS SOÑANDO

Hace 31 años exactamente, igual que en las últimas semanas,también llovía. Por lo que me han contado, en Jaén, como padecí a menudo años después, hacía un viento fuerte, tan fuerte como para volar el techado del aparcamiento del hospital maternal de la ciudad. Voló el techado y empezaron a volar mis sueños con él. Y ya van 31 años soñando.

2 de diciembre de 2008

RELEER

Desde hace un tiempo a esta parte no logro leer, y digo leer en el sentido cultural de la palabra, leer un buen libro, una novela o un ensayo, poesía, no se, cualquier cosa escogida con el único objetivo de pasar un buen rato.

Uno no cesa de leer casi nunca. En el trabajo, en este y otros blogs, en la prensa, estudiando y otros tantos lugares difícil de enumerar, incluso en la señalización vial de este mundo en obras, pero ahora añoraba esos ratos escogidos para el deleite de la mente y la imaginación.

Digo esto, porque hace unos días al fin me he decidido y “obligado” a zambullirme en las páginas de un libro, una novela en este caso, que contrariamente a la idea previa que yo albergaba, ha sido escogida por segunda vez en mi vida (he aquí la sorpresa). La novela es de Alberto Méndez, “Los girasoles ciegos”. Algunos ya la conoceis.

Digamos entonces que ante mi crisis como lector he recuperado mi camino como relector, que ha sido siempre mucho menos transitado.

Quizá he escogido este libro, que leí hace ya dos años, por su reciente actualidad debida a la película homónima que podemos disfrutar en el cine, pero sobre todo, ha sido elegido por la inmejorable sensación que me dejó su primera lectura. “Los girasoles ciegos” es un libro que se lee fácil, de un tirón y en poco tiempo, y se compone de cuatro relatos breves ambientados en la guerra civil y la España de la posguerra.

Aunque no podemos enfocar y tratar este libro como se hace con las grandes novelas de siempre, si pienso que se trata de un libro magistralmente elaborado, con un gusto exquisito por la literatura, y de una sensibilidad precisa y abrumadora. Leí una reseña que, aunque no sea la mejor referencia, decía: “parece haber dedicado una vida a cada frase”. Y lo comparto aunque sea exagerado. En este libro es maravilloso tanto el uso del lenguaje, preciso y brillante, como la perfecta formación y plenitud de la narración, y también la cuidada gramática.

“Los girasoles ciegos” no se trata solo de un libro con una brillante arquitectura y construcción lingüística, sino que logra transmitirnos viva y nítidamente el cómo y el porqué de la condición humana en situaciones límite, la guerra y su crudeza, el horror y sus frutos, el amor, la vida y sus tragedias.

“Aunque todas las guerras se pagan con los muertos, hace tiempo que luchamos por usura. Tendremos que elegir entre ganar una guerra o conquistar un cementerio”

Quiero recomendaros animadamente esta pequeña joya literaria, y al mismo tiempo, formalizar otra invitación a la relectura. Invitación a la relectura en general y a la relectura de las grandes novelas en particular. Yo tardé en descubrir las bondades de la relectura, digamos que dudaba de su utilidad ¡Con todo lo que hay por leer! ¡Ni en toda una vida!, pensaba.

Hoy, como puede advertirse, mi opinión es distinta. Para mi, la relectura es algo que se disfruta tanto o más que una primera lectura.

Creo que somos personas en constante evolución, y cada vez que nos acercamos a una misma lectura, además de ser distintos, nos encontramos en otras etapas de nuestra vida que confieren un punto de vista renovado que otorga valor propio a la relectura.

Releer es un intimo acercamiento a diferentes interpretaciones y sensibilizaciones, que no siempre tienen porqué ser iguales, de un mismo texto o una misma historia. Siempre hay algo nuevo por descubrir. Hasta en las personas.

Una misma lectura puede transmitirnos cosas distintas según quienes seamos, eso es evidente, pero también facilitarnos distintas perspectivas y llevarnos a resultados dispares según el momento en que realicemos esa actividad.

En consecuencia, puedo decir que “Los girasoles ciegos” se trata de uno de los mejores textos que ha llegado a mí en los últimos dos años, y por ello lo recomiendo, de la misma forma que recomiendo un segundo acercamiento a grandes libros o a historias que llegaron a nosotros hace tiempo y mereció la pena. También desde otra orilla, recomiendo la relectura de buenos relatos que no llegaron a nosotros en el momento adecuado. No creo que perdamos el tiempo.
Releamos de vez en cuando pues.

INDAGACIONES I

Y la vio pasar, como una sombra que se desvanece, como un recuerdo que se escapa de la mente para no volver. Sintió la insensata necesidad de correr tras ella, de buscarla y mostrarse, pero luchó mentalmente hasta la extenuación y en un segundo infinito para contenerse y refrenar el impulso, al tiempo que una voz en susurro se desvanecía en su garganta mientras pronunciaba su nombre a modo de llamada.
Apretó los puños con fuerza y luego se llevó las manos extendidas a la cara, camuflando su gesto derrotado y con él, la imagen desesperada de una rendición incondicional.
No fue entonces, más que un moribundo presuroso que volvió sobre sus pasos para ocultarse hasta el siguiente día, o la siguiente noche.

24 de noviembre de 2008

RECUERDO A FREDDIE MERCURY

Hoy, 24 de Noviembre, se cumplen 17 años de la muerte de Freddie Mercury, vocalista, teclista y lider del grupo QUEEN. Desde este rincón, hago mi sencillo homenaje al que en mi opinión es y será uno de los grandes. Que levante la mano quien no pueda recordar a bote pronto hasta tres o cuatro canciones suyas. Murió sabiendo que era parte de la historia y nuestras vidas para siempre. Ahí vive eternamente como leyenda.

Valga como recuerdo este video editado pocos días después de su muerte por el programa Informe Semanal.


22 de noviembre de 2008

UNA TARDE DE DOMINGO

Con el sol calentando nuestra espalda. Así comenzamos el camino. Sol caliente de Noviembre, cegador y luminoso, que supone un agradable abrigo con el que avanzar por la antigua ruta nazarí. Las últimas casas van quedando a ambos lados, mientras el camino se va presentando sin prisa, y mansamente nos envuelve con las redes de su encanto, y nos embriagamos de tibieza y luz. Es la hora de la siesta y el campo permanece sereno y tranquilo. Ni tan siquiera el viento osa interrumpir.

Tras un pequeño alto en el camino, se pueden disfrutar bonitas vistas que, pasando por Rus, Canena y su Castillo, alcanzan hasta Sierra Morena, altiva y orgullosa. Es entonces cuando el camino deja de ser cualquier camino para convertirse en él mismo. Un camino más bello de lo habitual, con un verdor inusual en algunos momentos, salpicado de árboles, plantas y piedras que le dan un aire profundo y húmedo. Su gran virtud es que logra hacernos olvidar que nos encontramos atravesando un mar de olivos en muchos instantes, y eso, es mucho decir. Posee tramos que parecen adoptados de otras tierras, más lluviosas y con otra flora, y no del sur, árido y seco, con el olivar eterno en la retina.


Pronto, el camino quiebra su paisaje natural para guiarnos por bellos e inesperados parajes. Muros de piedra cubiertos ya de verde musgo, junto a encinas, álamos y moreras entre otros, que van decorando y acompañando nuestros pasos dibujando por momentos una frondosidad de belleza particular. Aun así, no todo lo bello es verde. El otoño ha depositado las hojas en el suelo, teñido de ocre y cobre muchos árboles y puesto banda sonora a nuestros pasos con el característico crepitar de las hojas pisadas.


Son estos tramos del camino, llenos de vegetación y plenitud, los más agradables y bellos.


Qué gran placer ese de no tener prisa por nada, dar un buen paseo, y disfrutar la buena conversación en compañía. Las cosas sencillas son las mejores.

Pero el camino discurre presto y progresivamente nos devuelve a la realidad de los olivares, ahora pesados de aceituna casi madura. Aceitunas que bien aliñadas podrían ser manjar de nuestra mesa.


Ocurre esto un poco antes de que el camino desemboque ante la cima de una colina que llaneábamos previamente, y que perfectamente podría ser, y valga el símil marinero, una de las orillas de la Loma de Úbeda. Y digo esto porque ante nuestros ojos todo es valle. Montes al fondo. A la izquierda, de nuevo aparece Sierra Morena, algo más brumosa y menos altiva. Y en tanto que a la espalda dejamos Sierra Mágina agreste, por la derecha comienzan a insinuarse las primeras estribaciones de la Sierra de Cazorla. Una suerte disfrutar estas panorámicas.


A la falda de la colina, mirando al valle como quién observa el mar se encuentra el pueblo. Se llega a través de un cruce de caminos que se toma a la izquierda en pendiente hacia abajo. En el horizonte se dibujan otras poblaciones, casi siempre coronando colinas, también casas solariegas y cortijos – habitados y abandonados - con un encanto hipnótico a mis ojos de paseante.


En la bajada pronunciada, el cuerpo se deja llevar y la conversación borbotea de un tema a otro.


Mientras, la sombra de la tarde nos va cubriendo con su manto frio, el Sol va perdiendo su fuerza y comienza a retirarse por hoy.


El pueblo se divisa desde arriba, pero no es hasta las proximidades cuando regala una bella estampa dibujada por la aparición de la iglesia en medio del camino. El tejado claro con su pequeño campanario, anuncia ya la presencia viva de la población y sus gentes.


Sus calles y callejones, menudos y sencillos, denotan unos arreglos recientes. ¡Cuántas fuentes! Se ve que esta tierra es todo caudal subterráneo, solo hay que ver los pueblos de alrededor. Una de esas fuentes, junto a la iglesia, es del Siglo XIII, al igual que el Torreón. Restos de un pasado cargado de historia.


El pueblo se llena de encanto y se prende en nuestras sensaciones para forjar una imagen magnéticamente entrañable para la memoria.

Por entonces, la merma de luz ya nos anuncia que debemos regresar. Una vez finalizada la primera pendiente arriba, el Sol, que aún permanece escondido tras los montes, y sus últimos destellos, dibujan reflejos rojizos y dorados que tiñen el firmamento en un bonito atardecer, que hay que añadir a las virtudes del camino, y perfilan las últimas estampas de una bonita tarde de domingo.

Este paseo comienza en La Yedra, junto a la carretera nacional N-322, a la altura de La Ermita (un poquito más arriba y en frente de ella) y discurre hasta la Localidad de El Mármol, para luego regresar.