"In me omnis spes mihi est" (Terencio).

17 de junio de 2009

MIS LIBRETAS DE HISTORIA

En el tercer curso de bachillerato tuve un profesor nada corriente con el que aprender Historia de España. Él, era historiador en todos los sentidos de la palabra, investigador y narrador de la historia, era a su vez, miembro de la Real Academia de la Historia. Todos estos datos, que a priori parecían ser una suerte para los alumnos, efectivamente lo fueron. Nada como un apasionado de lo suyo para hacértelo llegar y para aprender de él.

Este “profe” no usaba libro de texto. De hecho, en ese curso el “Insti” no publicaba ningún libro de texto como referencia, motivo de queja para algunos profesores, que de todo ha de haber en la viña del Señor. Él, diré su nombre, porqué no, se llamaba Rafael Rodriguez-Moñino Soriano, y tenía un método sencillo. Entraba a clase, siempre afable, y se dedicaba a relatar los pormenores del devenir de los tiempos en lo que algunos llaman piel de toro para referirse a la Península Ibérica. Su única herramienta era su propia memoria, y nosotros copiábamos lo que por suerte, no se trataba de una mera retahíla de hechos y fechas. En la estructuración de la materia no seguía más que el propio curso de la historia, la sucesión de reyes y gobernantes de estas tierras, para guiarnos por un viaje a través de los hechos y las personas, y sobre todo los motivos, causas y consecuencias, que daban pie a esos mismos hechos. Gracias a sus estudios, a sus investigaciones, sus amistades, sus libros y tantas cosas más, además de para comentarios varios durante las clases, sus lecciones daban pie al prolijo anecdotario que es la historia de este país, dejándonos con ello un sabor especialmente grato en cada sesión.

¿Y porqué cuento esto? Pues porque en estos días de asueto que disfruto, repasando el trastero he encontrado unas libretas que han resultado ser un tesoro. Son las libretas que llené escribiendo todo lo que este profesor nos narraba para recrear la Historia de España, hasta el día en que comenzó la guerra civil, según he podido observar. ¡Qué alegría, de verdad! Ahora podré revisar poco a poco el punto de vista de este Señor que además era, no lo he dicho, noble de España, y se dedicaba a la enseñanza de adolescentes por pura vocación con los jóvenes según sus propias palabras, y mientras, lo compaginaba con sus estudios, sus escritos y sus obligaciones varias de noble y académico.

A fe que logró que nos ilusionáramos y nos interesáramos por conocer los hechos que nos han llevado a ser lo que somos, y de camino nos sirvió como ejemplo de muchos valores personales. Por ello, con estas libretas he encontrado un tesoro, y ahora me propongo transcribirlas a través del teclado para hacerlas perdurar todo lo que pueda. Él, según he podido ver en la red, falleció en 2005.

Descanse en paz; agradecido quedo.

2 comentarios:

  1. ¡Qué bonito! Qué bonito dejar una huella así en tus alumnos. Necesitamos gente con vocación en todas las profesiones. Para elle, todos necesitamos saber cual es nuestra vocación.

    ResponderEliminar